UKU’: el juego que enseña cómo cuidar la biodiversidad mientras reconecta a las personas con la memoria ancestral

En un mundo dominado por pantallas, notificaciones constantes y ritmos acelerados, una propuesta nacida desde la calma, la memoria y el amor por la naturaleza está logrando algo extraordinario: enseñar cómo cuidar la biodiversidad jugando. Su nombre es ‘UKU’, que en quechua significa “profundo”, y no podría ser más acertado.

Detrás de este juego está Ana García, una arquitecta jubilada ecuatoriana de 70 años que decidió convertir su tiempo, su experiencia y sus ahorros en una herramienta educativa que conecta generaciones, culturas y ecosistemas. Lejos de la tecnología, ‘UKU’ propone algo simple y poderoso: aprender a través de la memoria, las imágenes y la conversación.

Un juego que nace de la identidad y la biodiversidad

‘UKU’ es un juego mnemotécnico de pares que invita a recorrer, carta a carta, la extraordinaria biodiversidad de Ecuador. Montañas, aves, flores, ranas, mariposas, culturas ancestrales y piezas arqueológicas aparecen ilustradas a todo color, acompañadas de información clara y accesible.

Pero no es solo un juego de memoria. Es una experiencia diseñada para reflexionar sobre cómo cuidar la biodiversidad desde el conocimiento y el respeto. Cada ficha es una puerta a una historia, a un territorio y a una forma de vida que merece ser protegida.

Para construir este universo, Ana García se apoyó en el museo Mindalae y en expertos que la ayudaron a documentar culturas como la Pasto, la Valdivia y la Quijos. Así, el juego no solo enseña sobre especies, sino también sobre cosmovisiones ancestrales que entendían la naturaleza como un todo interconectado.

Ecuador: pequeño en tamaño, gigante en biodiversidad

Uno de los mensajes más potentes de ‘UKU’ es mostrar que la riqueza natural no depende del tamaño del territorio. Ecuador, a pesar de ocupar una superficie reducida, es uno de los países más biodiversos del planeta.

El juego lo demuestra con datos que sorprenden: más de 130 especies de colibríes, una diversidad única de orquídeas, anfibios y aves amazónicas, y paisajes que van desde la costa hasta la selva y la alta montaña. Todo esto convierte a ‘UKU’ en una forma lúdica de aprender cómo cuidar la biodiversidad entendiendo primero su valor.

Cada colección del juego funciona como una cápsula de conocimiento: ranas, mariposas, bromelias, montañas emblemáticas como el Chimborazo o piezas arqueológicas Jama-Coaque que guardan la memoria de pueblos preincaicos.

Educar sin pantallas para conectar mejor

Uno de los objetivos más claros de Ana García es “desconectar a la gente” de la tecnología. ‘UKU’ está pensado para jugarse en familia, entre amigos, entre niños y adultos mayores, generando conversación y aprendizaje compartido.

cómo cuidar la biodiversidad
Detrás de este juego está Ana García, una arquitecta ecuatoriana de 70 años que decidió convertir su tiempo en una herramienta educativa que ayuda a conocer cómo cuidar la biodiversidad. Fuente: EFE

Este enfoque tiene un impacto directo en la educación ambiental. Al sentarse a jugar, las personas no solo memorizan imágenes, sino que hablan sobre cómo cuidar la biodiversidad en su vida diaria, desde respetar a los animales hasta valorar los ecosistemas cercanos.

El juego se convierte así en una herramienta intergeneracional que fortalece la memoria colectiva y siembra conciencia sin imponer discursos, algo clave para construir un futuro sostenible.

De la mesa de juego al territorio real

Uno de los efectos más bonitos de ‘UKU’ es que despierta curiosidad y espíritu de aventura. Hay personas que, tras conocer una especie o una montaña a través del juego, deciden viajar para verla en persona.

Este vínculo entre educación, emoción y acción es fundamental para entender cómo cuidar la biodiversidad de forma real. Cuando alguien conoce, valora; y cuando valora, protege.

Además, Ana García ha priorizado la donación del juego a escuelas y bibliotecas públicas, especialmente en lugares donde el acceso a viajes o museos es limitado. Para ella, el impacto educativo está por encima del negocio.

Un trabajo paciente que deja huella

Sin apoyo estatal y con recursos propios, ‘UKU’ ha crecido poco a poco, como ella misma lo define: “un trabajo de hormiga”. Hoy suma 14 colecciones distintas y sigue expandiéndose, con futuras ediciones dedicadas a las especies de Galápagos, plantas nativas y polillas.

Este proceso demuestra que cuidar el planeta no siempre requiere grandes presupuestos, sino constancia, creatividad y compromiso. ‘UKU’ es un ejemplo tangible de cómo cuidar la biodiversidad desde lo cotidiano, lo educativo y lo comunitario.

Jugar para proteger el futuro

En tiempos donde la crisis ambiental parece una conversación lejana o abrumadora, iniciativas como ‘UKU’ ofrecen una mirada distinta. Enseñan cómo cuidar la biodiversidad sin miedo, desde la curiosidad y la alegría de aprender.

Este juego no solo rescata especies y paisajes, también rescata la idea de que el conocimiento compartido puede transformar hábitos, despertar vocaciones y fortalecer el vínculo entre las personas y la naturaleza.

Y en ese gesto sencillo, barajar cartas, buscar pares, conversar, se esconde una gran buena noticia: todavía estamos a tiempo de aprender cómo cuidar la biodiversidad y hacerlo juntos.

Preguntas Frecuentes

¿Cómo cuidar la biodiversidad de forma sencilla?

Cuidar la biodiversidad puede empezar con acciones simples como reducir residuos, respetar la fauna, consumir responsablemente y aprender sobre las especies que nos rodean.

¿Por qué es importante saber cómo cuidar la biodiversidad?

Porque de ella dependen el agua, los alimentos, el clima y la calidad de vida. Protegerla asegura bienestar para las generaciones futuras.

¿Cómo cuidar la biodiversidad desde la educación?

A través del juego, la memoria cultural y el aprendizaje práctico. Iniciativas educativas fomentan el respeto por la naturaleza desde edades tempranas.

¿Los juegos educativos ayudan a cuidar la biodiversidad?

Sí. Son herramientas efectivas para enseñar cómo cuidar la biodiversidad de manera lúdica, emocional y fácil de recordar.

¿Cómo pueden las familias contribuir al cuidado de la biodiversidad?

Conversando sobre la naturaleza, evitando el uso excesivo de plásticos, respetando los ecosistemas y participando en actividades educativas y comunitarias.

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